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martes, 27 de septiembre de 2011

LAS INVESTIGACIONES SOBRE LOS EFECTOS DE LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN

Esta exposición sobre las diferentes investigaciones de los medios masivos de comunicación, es hecha por el sociólogo italiano Gianni Statera, publicándolo por primera vez en 1976. Aunque es una obra que puede considerarse antigua –pues trata investigaciones desde principios del siglo XX-, sorprende mucho que suene tan actual, sobre todo en estos investigadores: H. Lasswell, P. F. Lazarsfeld, K. Lewin., y C. Hovland.

Statera primero nombra el típico imaginario que tiene la gente con respecto a los medios masivos de comunicación, en el que la gente cree que son muy poderosos, donde algunos sostienen patriarcalmente sus graves peligros:

“Se elevaron entonces, en Estados Unidos, voces ilustres y graves para poner en guardia frente a los graves peligros que acechaban a la democracia en una sociedad en la que unos poderosos instrumentos de persuasión pudieran manipular ad libitum masas enormes de individuos indefensos”.

Y otros sus potenciales y enormes beneficios:

“En el mismo periodo, sin embargo, se alzaron voces no menos ilustres --entre ellas la de Charles Horton Cooley, la de Robert Ezra Park y la del propio Louis Wirthque, en el advenimiento de Ia comunicación de masas, veían el instrumento adecuado para revelar ante el mundo una nueva aurora de democracia”.

Lamentable para los soñadores demócratas o afortunadamente para los alarmistas del peligro de la enajenación, según el caso, esto no es cierto, tal como lo revelaban las más cuidadosas investigaciones posteriores:

“Películas en las que blancos y negros entraban en contacto de forma diversa, eran decodificadas por los sujetos orientados en una dirección racista, de tal modo que se convertían en mensajes de tipo racista”.

“Los massmedia accionan, sobre todo, como factores de refuerzo de opiniones, orientaciones y actitudes preexistentes, salvo su configuración como posible factor concomitante en procesos de «pequeña modificación de opinión» en circunstancias favorables bien precisas con la mediación del líder de opinión”.

Sin embargo esto también motivo más investigaciones para sacarle el máximo provecho a eso poco y lento que logran los medios. Se hallaron claves estratégicas como el estudiar los medios masivos de comunicación junto con la interacción del individuo y el grupo al que pertenece:

«Un intento para cambiar una opinión o una actitud individual no puede tener éxito si el sujeto comparte su opinión con otros, a los que esté vinculado y que no estén de acuerdo con los cambios”.

También se hallaron símbolos claves de una sociedad para sacarle el máximo provecho, principalmente en la publicidad política (sin olvidar los límites de sus alcances ya mencionados):

“El símbolo-clave es el término fundamental del mito político, En Estados Unidos, son símbolos-clave palabras como "derechos", "libertad", "democracia" e "igualdad" [...] La función de tales símbolos, observa Lasswell, consiste en otorgar un significado a la convivencia social, en «ofrecer una experiencia común a todos los ciudadanos y en facilitar instrumentos de identificación, aparte de imposiciones de norma por parte de quienes detentan el poder. A mitad de camino entre la unidad simbólica y la argumentación jurídica o político-ideológica, está el slogan o consigna, instrumento primordial de persuasión y bandera en la lucha política de masas”.

Se demuestra que la enajenación viene de algunos sujetos predispuestos a ello:

“En cuanto a las opiniones y las actitudes, se demostró que tenía lugar un proceso análogo por el cual el sujeto tiende a vincular su propia manera de ver las cosas a Ia «realidad social» del grupo al que pertenece -o del cual ambiciona llegar a formar parte-“.

E indirectamente se llega a una taimada estrategia políticamente correcta, aún a costa de la realidad física, coqueteando ya con la locura del solipsismo y su extremo relativismo (muy posmodernista por cierto):

«Experimentos sobre la memoria y sobre la influencia ejercida por el grupo sobre el individuo -escriben Lewin y Grabbe- demuestran que lo que existe como "realidad" para el individuo viene determinado en gran parte por lo que socialmente es aceptado como realidad. Esto es aplicable, también, a los hechos físicos. Para el indígena de las islas del mar del Sur, el mundo puede ser plano, mas para el europeo es redondo. Por tanto, la "realidad" no es absoluta, sino que difiere según el grupo al que pertenece el individuo.»

Así pues los medios masivos de comunicación y sus alcances se revelaron más modestos y lentos en sus resultados. No son los medios masivos de comunicación lo que generan los cambios del statu quo, porque de hecho son solo sus su promotores, o si mucho los precursores que maximizan una nueva ola que se forja sola dentro del mismo statu quo. No olvidemos que los medios masivos de comunicación son exclusivistas hasta la medula. Tanto, que muchos que los estudian, caen en su discriminatorio exclusivismo sin darse cuenta. Para empezar su mismo nombre: Los medios de comunicación no son masivos y nunca lo han sido, y el creer que lo son, significa que se está excluyendo a la mayoría que no tiene acceso a ella -y esta mayoría excluida si es masiva-. Evidentemente habrán interacciones individuales o grupales que se retroalimenten de estas promociones, adelantos y potencialidades que brindan los medios masivos de comunicación; pero no son controlados por estos últimos, por lo menos no totalmente. Además esta minoría que tiene acceso a los medios, no reciben, ni gustan de la misma forma del mensaje homogeneizador de los medios. Por eso como ya vimos, las investigaciones demuestran que los mensajes son efectivos si se dan solo por sectores o grupos sociales (principalmente a, en y a través de los líderes de esos grupos), en el que obviamente están excluidos los grupos de nulo o escasos recursos.

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